TDAH

 

¿Qué es el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad?

30 de septiembre de 2013

 

El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo caracterizado por una serie de dificultades en el ámbito cognitivo y comportamental que inciden negativamente en el normal desarrollo de la persona, en su vida escolar, laboral o sociofamilar. En su conjunto, estas dificultades no pueden ser causadas por otras enfermedades, por otros trastornos psicopatológicos graves, o por factores sociofamiliares. 

 

En el ámbito cognitivo destacan las dificultades de atención, de memoria de trabajo y de velocidad de procesamiento, y en el comportamental las dificultades de control de la impulsividad, de inhibición y de sobreactividad motora. Dichas dificultades presentan síntomas ya desde la primera infancia y son de naturaleza relativamente crónica aunque con el tiempo tienden a mejorar las comportamentales y a mantenerse las cognitivas.

 

En su conjunto estas dificultades son consistentes con un problema general de autorregulación.

 

En la práctica, desde un punto de vista clínico los criterios diagnósticos se centran fundamentalmente en evaluar los niveles o las conductas de inatención, impulsividad (social y motora) y sobreactividad. Dado que todas estas conductas están muy influenciadas por procesos madurativos, es decir, todos los niños de menor edad comparados con los de mayor edad son más inatentos, más impulsivos y más sobreactivos, es fundamental obtener evidencia que los niveles hallados son inapropiados para la edad o el nivel de desarrollo que esperaríamos del niño. Además, muestran poca sensibilidad a los estímulos externos: tanto los estímulos positivos como los aversivos parecen tener un menor nivel de afectación en las personas con TDAH. Probablemente por ello no regulan, no consiguen funcionar bien a la hora de planificarse para conseguir objetivos ni para evitar situaciones desagradables.

 

De todos modos es importante recordar que no todo niño travieso, impulsivo o excesivamente movido tiene este problema: la clave está en el contexto, en la capacidad de autorregularse en función de los estímulos ambientales. Por eso, incluso el más travieso de los niños hasta cierto punto sabe cuándo y dónde hacer sus travesura y cuándo no, y en cambio el niño con TDAH carece de esta capacidad.

 

En nuestro país un estudio basado en una muestra aproximada de 1.500 niños entre 6 y 10 años dio una sospecha de prevalencia del TDAH del 4,7% usando escalas para padres y maestros. Los datos muestran una prevalencia mayor en niños que en niñas, con una razón de 3:1, aunque se considera que estas cifras se deben a que existe un gran número de niñas no diagnosticadas, ya que al ser menos propensas a mostrar su impulsividad o hiperactividad "causan menos problemas en el aula".

 

La mayoría de niños con TDAH ya muestran dificultades temperamentales desde el nacimiento: problemas para dormir, para ser alimentados, lloros y rabietas, siendo difíciles de consolar. En la edad prescolar acostumbran a ser muy activos, traviesos, poco cumplidores de las órdenes, excesivamente atrevidos con las actividades potencialmente peligrosas y a veces con problemas para el entrenamiento en control de esfínteres Son agotadores para los padres y las personas que se ocupan de ello y aunque existen bastantes diferencias individuales, muchos arrastran problemas de lenguaje, de motricidad y de maduración en general. Sin embargo a a esas edades el diagnóstico no es fácil: las conductas propias de un TDAH pueden estar relacionadas con estados de maduración (los niños superan a veces etapas de agitación o sobreactividad al cabo de unos pocos meses), factores sociofamiliarres estresantes o simplemente conductas que derivan de patrones educativos desadaptativos de los padres.

 

En los primeros cursos de la etapa primaria el estrés familiar suele mantenerse elevado, aunque a veces con el crecimiento el niño reduce algo su sobreactividad y mejora el cumplimiento de las órdenes, normalmente empiezan a hacerse muy notorios sus problemas atencionales, de impulsividad, de aprendizaje y de interacción social. Los principales problemas de los padres están en mantener el orden y las rutinas en casa y tener que controlar a sus hijos cuando salen, mientras los maestros empiezan a sufrir los problemas de comportamiento y rendimiento en las aulas. Un número muy significativo de niños con TDAH presentan problemas en lectura (decodificada y comprensiva), matemáticas, escritura y lenguaje, pero además su rendimiento académico se ve afectado por un conjunto de conductas y actitudes típicas que son: olvidarse los deberes o material importante para acudir a clase, conductas disruptivas durante las explicaciones del maestro y malas relaciones con los compañeros.

 

Causas

Las bases neurobiológicas del TDAH están bastante establecidas y en ellas los factores genéticos juegan un papel muy destacado. De todos modos existen otros factores predisponentes que por sí solos o probablemente en interacción con los genéticos, también se relacionan con el TDAH: el consumo de tabaco, alcohol y otras drogas durante el embarazo, la mala alimentación de la madre o, en general, cualquier problemática que genere bajo peso al nacer o problemas en el recién nacido (especialmente infecciones con afectación neurológica).

 

Hasta el momento, las asociaciones más consistentes siguen relacionando el trastorno con los genes implicados en el transporte y la recaptación de la dopamina.

 

 

Evaluación, diagnóstico y tratamiento

En primer lugar hay que obtener evidencias de si las conductas de inatención, de impulsividad y de sobreactividad motora del niño se dan con una frecuencia y una intensidad por encima de los niveles esperables para la edad y el nivel de desarrollo del niño. Y, en segundo lugar, hay que obtener evidencias que esas conductas son atribuibles a un “déficit” en el funcionamiento neuropsicológico, es decir, no se explican mejor por una causa biológica (enfermedad, efecto de un medicamento, etc.), psicopatológica, familiar  o ambiental.

Como segundo objetivo deberíamos tener el análisis de la presencia de otros comportamiento o déficits típicamente asociados al trastorno como, por ejemplo, la desorganización temporal, la dificultades para planificar conductas dirigidas a objetivos, la falta de persistencia, la incapacidad para demorar,...

Un tercer objetivo se centra en obtener evidencias de la presencia o no de comorbilidad con otros trastornos.

Un último objetivo sería obtener un perfil psicosocial del niño para identificar fortalezas y debilidades que pueden afectar a la eficacia del tratamiento. Valorar el estatus socioeconómico familiar para poder orientar a la familia a los recursos disponibles en la comunidad, y el nivel de apoyo general que puede recibir el niño, no sólo en el entorno familiar, sino también escolar y social.

 

El tratamiento más aplicado es el farmacológico, basado en el uso de psicoestimulantes, lo cual siempre ha sido fuente de controversias porque a menudo se han considerado poco apropiados en la edad infantil, además, proximadamente un 20% de los pacientes no responden adecuadamente a este tratamiento. 

 

Existen programas de intervención en edad preescolar que muestran una alta eficacia y cuyos beneficios se mantienen hasta pasados 15 años. 

 

El tratamiento psicológico con programas cognitivo-conductuales se ha mostrado eficaz en caso de TDAH, aunque hay veces en las que es necesario acompañarlo del uso de psicoestimulantes. La principal meta del trabajo psicológico con niños y niñas de edad preescolar es responder tempranamente y de forma eficaz a las necesidades que presentan, llevando a cabo una intervención en la que participan padres, profesores y niños.