Emociones sociales: la empatía

 

La empatía

12 de mayo de 2014

¿Qué es la empatía?

 

Podríamos definir la empatía como la acción y capacidad de comprender los sentimientos, pensamientos, experiencias de los demás… Llegando incluso a experimentar reacciones emocionales similares sin que nos hayan sido comunicadas de forma explícita.

Existen tres cualidades que identifican la empatía:

  1. La capacidad para comprender a los demás, el “ponerse en el lugar del otro”.
  2. Ser capaz de reproducir un estado afectivo que sintoniza con el que la persona siente.
  3. Llevar a cabo las conductas necesarias para solucionar el problema de la otra persona.

La empatía favorece las conductas de ayuda, e inhibe las conductas agresivas. Por lo cual es una de las características más importantes a desarrollar, dado que va a favorecer la aparición de conductas prosociales e inhibir las reacciones agresivas.

 

 

Diferencias entre simpatía y empatía

 

En lo que hace referencia a la reacción emocional, la empatía se distingue de la simpatía por el hecho de que cuando aparece esta última se generan afectos congruentes con los de los demás, incluso similares, si la persona está triste, sentiremos esa tristeza. En el caso de la simpatía el estado emocional que aparece no tiene por qué ser igual al de la otra persona, aparece de una forma espontánea y  no es algo aprendido, por ejemplo cuando conocemos a alguien y este nos cae bien surge un sentimiento de agrado, esto es simpatía.

 

 

Qué es la ecpatía

 

La ecpatía es un nuevo concepto que surge hace unos años, complementando a la empatía. Esta emoción no va a permitir manejar de una forma más apropiada el contagio emocional y los sentimientos inducidos.

Podríamos definirla como: un proceso voluntario de exclusión de sentimientos, actitudes, pensamientos y motivaciones inducidas por el otro. Hay una historia que refleja muy bien estos conceptos:

“Un monje budista encontró en su peregrinar a una leona herida y hambrienta, tan débil que no podía moverse. A su alrededor, sus crías recién nacidas gemían intentando extraer una gota de leche de sus secos pezones. El monje comprendió perfectamente el dolor, desamparo e impotencia de la 

leona, no solo por sí misma, sino sobre todo por sus cachorros. Entonces, se tendió junto a ella, ofreciéndose a ser devorado y así salvar sus vidas”.

A través de esta historia nos damos cuenta de que a veces es necesario poner límites a la empatía, ya que de no hacerlo podríamos vernos tan involucrados en la vida y problemas de los demás que podríamos llegar a dañarnos a nosotros mismos, se trata de “ponerse en el propio lugar”, lo cual es tan necesario como el “ponerse en el lugar del otro”.

 

 

Diferencias de género

 

Todos, hombres y mujeres tenemos la misma capacidad para desarrollar y experimentar esta emoción social, pero si bien es cierto las mujeres tendemos a mostrarnos más empáticas que los varones.

En 2013 la UNED llevó a cabo un estudio para analizar precisamente estas diferencias y las conclusiones fueron que tanto hombres y mujeres entienden la empatía de manera semejante. No obstante, la investigación, publicada en la revista 'Child Psychiatry & Human Development', ha mostrado que las mujeres muestran mayores niveles en todos los rasgos que componen la empatía salvo en la impasibilidad. Este papel de la impasibilidad podría suponer que las diferencias de género en cuanto a empatía se deban más a la posibilidad de inhibir los factores que la desencadenan, y que hacen a la persona ser más indiferente, que a los factores que permiten experimentarla.

En el origen de la inhibición estaría tanto el tipo de educación que reciben niños y niñas (por lo general, con las niñas se trabaja más el reconocimiento y la expresión de emociones, que en los niños) como diferencias relacionadas con el funcionamiento endocrino y neurológico de ambos, entre los que se incluye el temperamento. 

"El resultado puede estar muy relacionado con los mayores niveles de conductas antisociales y agresivas que se dan en los varones y que son incompatibles con la empatía. Un ejemplo son los episodios escolares de  Acoso Escolar (bullying), que se producen cuando no existe empatía. Si el otro no te importa lo utilizas en tu propio beneficio o para divertirte", ha indicado Begoña Delgado, investigadora de Psicología de la Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico de la UNED y otra de las autoras del estudio, Victoria del Barrio.

Teniendo en cuenta  estos resultados, los investigadores proponen prestar una especial atención a conductas en niños que puedan alertar sobre niveles excesivos de impasibilidad.

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