Adultez, cumpliendo años

 

Aceptar el paso de los años

11 de noviembre de 2013

 

Si bien es cierto que durante la infancia, niñez y adolescencia nos encanta cumplir años, llega un momento en el muchos comienzan a mostrarse algo reacios a soplar las velas. Parece que una vez que entramos en la adultez, cumplir años, va dejando progresivamente (o bruscamente) de ser algo que celebrar. Este sentimiento, se puede ir mantiendo o intensificando, a medida que seguimos cumpliendo años, hasta la vejez.

 

Si tenemos en cuenta las etapas del desarrollo podemos hacer esta fragmentación:

  • Adultez temprana: que iría de los 25 a los 40 años.
  • Adultez media: de los 40 a 65 años.
  • Adultez tardía o vejez inicial: de los 65 a 75 años.
  • Vejez tardía: por encima de los 75 años.

 

Es importante tener en cuenta que en psicología evolutiva (que es la que estudia los cambios psicológicos que se dan a lo largo del desarrollo), la edad en sí, es una variable vacía, es decir, por si misma no explica nada y el paso del tiempo no tiene por qué aportar elementos que nos ayuden a entender los procesos del desarrollo psicológico. Si que es cierto que hay determinados cambios que son más característicos de unas edades, pero esto no significa que sea la edad la que produce esos cambios.

 

Normalmente cuando pensamos en la edad nos referimos a la edad cronológica, aquella que se mide en los años transcurridos desde el nacimiento, pero existen otros tipos de edades que también podríamos tener en cuenta, y que pueden resultar más útiles en numerosos casos.

Edad biológica: en qué lugar se encuentra respecto a su potencial de vida, respecto a su salud biológica.

Edad psicológica: hace referencia a la capacidad de adaptación que la persona tiene, esa capacidad (inteligencia, motivación, competencia social,...) para hacer frente a los retos de la vida cotidiana.

Edad funcional: haría referencia a la capacidad de autonomía e independencia de una persona.

Edad social: tiene que ver con los roles y expectativas sociales asociados a determinadas edades; forma parte de estas expectativas que a cierta edad uno tenga hijos, tenga un trabajo o se jubile. La edad social tiene mucha importancia, ya que las experiencias que se dan fuera de estos margenes pueden ser fuente de estrés o de dificultades, como puede ocurrir con una chica de 16 años que se convierte en madre, o en un hombre de 50 años que se ve obligado a jubilarse. Si bien es cierto, que se están produciendo cambios en nuestra sociedad que están haciendo que estos margenes sean cada vez más flexibles, aún continúa siendo un factor muy influyente en muchas personas.

 

La mayoría de personas a las que les disgusta cumplir años se suele fijar en su edad cronológica, ese número que una vez que pasa de los 20-25 años comienza a pesar, y cada año un poco más. Especialmente resulta angustioso cuando cambiamos de década, los 30, los 40, los 50... para muchas personas es como si acabasen de cumplir 10 años de golpe. En muchas ocasiones, este sentimiento de insatisfacción radica, en esa revisión de acontecimientos pasados que hacemos, centrándo nuestra atención en todas esas cosas que nos hubiera gustado vivir y que no hemos llevado a cabo.  En otras ocasiones ese malestar radica en que vemos cada vez más cerca la llegada de la muerte, esto suele ocurrir especialmente a partir de la vejez, especialmente si esto es algo a lo que tememos. Otras veces, se debe a la no consecución de aquello que socialmente se considera adecuado para determinada edad, por ejemplo, aquella mujer que cumple 40 años y aún no ha tenido un hijo.

 

"Sólo se vive una vez, pero si se hace bien con una vez basta". J.E. Lewis

 

Es importante que tengamos en cuenta que tanto la adultez como la vejez son etapas abiertas al cambio, efectivamente hay pérdidas, pero también pueden haber muchas ganancias. Por ejemplo, en cuanto a conocimientos, es en la adultez o vejez cuando uno puede conseguir ser experto en algo, poseer la sabiduría necesaria para llevar a cabo cualquier labor. La lista de relaciones de apego posiblemente sea más larga que en cualquier otra etapa de su vida (hijos, amigos, nietos,...). Un mayor conocimiento de uno mismo, conseguiendo así mejorar el autoconcepto, ...

 

El sentirnos mayor pensando que hemos desperdiciado nuestra vida, es eso, un sentimiento, por lo cual podemos cambiarlo y es importante que nos motivemos a ello, y ¿cómo?

 

  • Intentando cambiar lo que no nos gusta, eso sí, intentando ser realistas.
  • Buscando nuevos retos, nuevas metas, basados en nuestros valores (en cuanto a amistad, familia, trabajo, ocio, salud, etc).
  • Pensando en todas las cosas que hemos conseguido a lo largo de la vida (trabajo, estudios, hogar, hijos,...).
  • Centrándo nuestra atención en cómo hemos crecido como persona (superando miedos, inseguridades,...).
  • Recuperando aquello que nos hacía sentir bien, esas actividades agradables que por uno motivo o por otro hemos ido abandonando (quedar con amigas, salir al cine, viajar,...).

 

En definitiva, elaborando un plan de acción dirigido a hacernos sentir bien, satisfechos, felices... Ya que, de esta forma, lo más probable es que cumplir años vuelva a ser algo que celebrar.

Mafalda, cumplir años, la vida empieza a los cuarenta, psicóloga Ana Pérez